Ruta por Italia en 15 días: qué ver y dónde comer en Milán, Verona, Venecia, Florencia, Pisa, Bolonia, Siena y Roma
El último gran viaje que hemos hecho nos llevó a recorrer varias de las ciudades más bonitas y reconocibles de Italia en un itinerario que, visto con perspectiva, nos parece redondo. Salimos de Madrid el sábado 23 de mayo de 2026 con destino Milán y regresamos el sábado 6 de junio desde Roma, aterrizando de nuevo en Madrid tras casi dos semanas de trenes rápidos, paseos interminables, plazas monumentales, barrios con carácter y, sobre todo, muchísima pasta, pizza, focaccias, risottos, bocadillos y postres para recordar.
La idea de este artículo en Borondeando, dentro de la sección “De Turistas”, no es solo repasar lo más importante que ver en cada ciudad, sino también compartir una parte que para nosotros fue esencial durante toda la ruta: los sitios donde comimos o cenamos y que podemos recomendar con total tranquilidad. No son recomendaciones sacadas de una lista genérica, sino lugares en los que estuvimos, comimos bien y salimos con la sensación de haber acertado tanto por calidad como por precio.
Nuestra ruta quedó así: Milán durante dos días, después Verona durante un día, más tarde Venecia, luego Florencia como base principal durante varios días, haciendo escapadas de ida y vuelta a Pisa, Bolonia y Siena, y finalmente Roma, donde cerramos el viaje antes de volver a casa. Un recorrido muy completo para quien quiera combinar ciudades grandes, joyas monumentales y experiencias gastronómicas muy disfrutables sin necesidad de disparar el presupuesto.
A continuación te contamos primero qué ver en cada ciudad y después dónde comer y qué platos pedir, justo en el orden en el que fuimos viviendo el viaje.
Milán: una llegada perfecta entre monumentos, canales y buena pasta
Milán fue la puerta de entrada a Italia y una ciudad que, a veces injustamente, queda eclipsada por otras del país cuando se piensa en turismo. Sin embargo, basta pasar un par de días aquí para darse cuenta de que tiene muchísimo más que moda y negocios. Es elegante, monumental y muy viva, con rincones históricos, barrios con personalidad y una energía urbana muy marcada.
Qué ver en Milán
Si es tu primera vez en la ciudad, hay un lugar al que inevitablemente van a ir tus pasos: el Duomo de Milán. Verlo por primera vez impresiona de verdad. Su fachada gótica, con ese bosque de agujas y detalles escultóricos, convierte la Piazza del Duomo en uno de esos espacios que justifican por sí solos una visita. Además, si tienes tiempo, merece mucho la pena subir a las terrazas para contemplar la ciudad desde arriba.

Muy cerca del Duomo está otro de los lugares emblemáticos de Milán: la Galería Vittorio Emanuele II. Es un clásico, sí, pero también uno de esos espacios por los que hay que pasar aunque solo sea para levantar la cabeza y admirar su gran bóveda acristalada. La zona, además, conecta muy bien con el pulso más elegante del centro histórico.
Nosotros creemos que en ciudades como Milán siempre compensa hacer un free tour al comienzo del viaje. Ayuda a situarte, a entender mejor la historia de la ciudad y a detectar rincones que quizás pasarían desapercibidos en una visita completamente improvisada. En Milán, además, sirve para leer mejor ese contraste entre capital moderna y legado artístico.
Otro imprescindible es el barrio de Navigli, probablemente la zona más pintoresca y con más ambiente de Milán. Sus canales históricos, asociados en parte a los diseños hidráulicos atribuidos a Leonardo da Vinci, le dan un carácter muy distinto al resto de la ciudad. Aquí lo mejor es pasear sin prisa, asomarse a los puentes, mirar escaparates, descubrir pequeñas terrazas y sentir una Milán mucho más relajada y bohemia. Al atardecer, la zona gana todavía más.

Si quieres añadir una visita cultural importante, una opción muy recomendable es el entorno del Castello Sforzesco, uno de los grandes monumentos de la ciudad. A su alrededor se organiza una parte fundamental de la historia milanesa y, además, está muy bien conectado con otras zonas de interés. Para los que quieran completar el apartado artístico, la Pinacoteca de Brera es también una parada estupenda, sobre todo si se busca darle al viaje ese punto más museístico y pausado.
En resumen, Milán funciona muy bien si combinas:
- el impacto monumental del Duomo,
- el paseo por el centro histórico y la Galería Vittorio Emanuele II,
- un free tour para cogerle el pulso a la ciudad,
- el ambiente de Navigli,
- y una visita cultural como el Castello Sforzesco o Brera.
Dónde comer en Milán
-Pasto - Laboratorio di Pasta con Cucina
Via Zecca Vecchia, 4, 20123 Milano MI, Italia
Facebook: Perfil
Si en Milán buscas un sitio donde la pasta sea realmente protagonista, Pasto - Laboratorio di Pasta con Cucina es una opción muy seria. El nombre ya deja clara la idea del local: aquí la pasta se trabaja con mimo y se nota en el plato. Es uno de esos lugares que funcionan muy bien cuando lo que apetece es sentarse a comer algo rico, bien hecho y sin artificios innecesarios.
La gran baza del sitio es precisamente esa pasta casera muy rica que nos encontramos. En una ruta como esta, donde se comen muchos platos buenos, siempre se agradece encontrar restaurantes que destacan no por la decoración o por la fama, sino por la honestidad con la que cocinan. Y este fue uno de ellos.


-All’Antico Vinaio
Via Lupetta, 12, 20123 Milano, Italia
Otro de los momentos gastronómicos muy disfrutables en Milán fue All’Antico Vinaio, donde comimos dos focaccias que nos dejaron clarísimo por qué este tipo de locales siempre están llenos. Pedimos la Favolosa y una Número 5, y ambas nos parecieron maravillosas.


Aquí hay algo que también forma parte del encanto de la experiencia: no se trata solo del bocadillo en sí, sino de esa liturgia urbana de coger la focaccia, buscar un rincón cercano y sentarte donde puedas, como hace todo el mundo. Nosotros terminamos sentados en unas escaleras de una plaza muy cercana, imitando a la gente de alrededor, y fue uno de esos almuerzos sencillos que luego se recuerdan muchísimo.


Por 27 euros, con dos Coca-Colas, nos pareció una opción estupenda para comer algo contundente, sabroso y muy disfrutable en pleno centro. Una de esas recomendaciones fáciles de hacer porque combina bien precio, rapidez y satisfacción.

Verona: la ciudad del romanticismo, la piedra antigua y los grandes paseos
De Milán pusimos rumbo a Verona, adonde llegamos en tren rápido el 25 de mayo. Fue una parada más breve, de apenas un día, pero muy intensa y muy agradecida. Verona tiene ese tamaño ideal para recorrerla caminando, disfrutar de su casco histórico y quedarse con la sensación de haber estado en una ciudad bellísima y muy bien conservada.
Qué ver en Verona
También aquí creemos que es muy buena idea empezar con un free tour. Verona es una ciudad que gana mucho cuando alguien te ayuda a interpretar sus plazas, sus edificios y su pasado romano y medieval.
Uno de los grandes símbolos locales es, por supuesto, la Arena de Verona, ese gran anfiteatro romano que muchos llaman simplemente “el circo”, aunque su nombre correcto es la Arena. Está en un estado magnífico y es uno de los monumentos más impresionantes del centro. La Piazza Bra, donde se encuentra, ya merece por sí sola un buen paseo.
Después toca perderse por las calles del casco antiguo. Verona tiene una escala perfecta para ir descubriendo plazas, arcos, rincones y fachadas con historia. Aquí aparece una de las paradas más conocidas de la ciudad: la Casa de Julieta. Sí, es uno de los lugares más turísticos, pero aun así forma parte del imaginario veronés y, si es tu primera vez, merece la pena acercarse para verla y sentir ese ambiente tan reconocible.
Dentro del casco histórico también resultan muy interesantes las tumbas de los Scaliger, conocidas como las Arche Scaligere, un conjunto funerario gótico muy singular y uno de esos lugares que a veces no encabezan las listas más populares, pero que añaden profundidad a la visita. Son un buen ejemplo de que Verona tiene mucho más que el tópico romántico.
Otro plan imprescindible es pasear junto al río Adigio. Verona se disfruta muchísimo desde sus márgenes y desde sus puentes. Caminar sin prisa por esta zona te permite ver la ciudad con otra calma, más abierta y más escénica. Y si quieres rematar la visita con una panorámica memorable, hay que subir al mirador de Castel San Pietro, probablemente el punto desde el que mejor se comprende la belleza de Verona. Merece de verdad la pena.

Si tienes algo más de tiempo, también son muy recomendables la Piazza delle Erbe, siempre animada y con mucho carácter, y la Basílica de San Zeno, uno de los grandes templos de la ciudad y una visita muy valorada por quienes quieren salir un poco del circuito más superficial.
Dónde comer en Verona
-EnoCibus Al Pomo D’Oro
Vicolo Pomo d’Oro, 3, 37121 Verona, Italia
Web: https://www.enocibusalpomodoro.com/
En Verona comimos en EnoCibus Al Pomo D’Oro, y fue una de esas comidas que ayudan a entender por qué la gastronomía italiana cambia tanto y tan bien de una región a otra.
Aquí apostamos por un plato muy típico de la ciudad: el risotto all’Amarone e Monte Veronese. Es una elaboración muy vinculada a Verona y a su territorio. La combinación del arroz Vialone Nano, el vino Amarone della Valpolicella y el queso Monte Veronese da lugar a un plato cremoso, elegante y con ese color violáceo tan característico que nos explicaron allí mismo. Además de bonito a la vista, estaba francamente bueno, con una profundidad de sabor muy particular.

El otro gran plato que pedimos fue un brasato di manzo, un clásico de la cocina italiana basado en la cocción lenta de la carne de res. Es de esos platos que ganan por melosidad, por intensidad y por esa sensación de cocina reposada, sin prisas. Nos gustó muchísimo.
Para acompañar ambos platos pedimos también una Insalatona Tradizionale, con lechuga, zanahoria, mozzarella, atún y tomatitos. Una ensalada sencilla, pero que funcionó muy bien para equilibrar una comida bastante contundente.


En total pagamos 57 euros con dos vinos italianos, y nos pareció una relación calidad-precio muy buena para una comida completa, bien servida y con identidad local.
Venecia: una ciudad única en el mundo donde siempre merece la pena perderse
El 26 de mayo llegamos temprano a Venecia en tren rápido. Venecia no necesita demasiadas presentaciones, pero la realidad es que ninguna expectativa termina de preparar del todo para lo que supone verla en persona. Es una ciudad distinta a todas, con una belleza que a veces parece improbable, hecha de canales, puentes, fachadas envejecidas, plazas solemnes y callejuelas donde conviene dejarse llevar.
Qué ver en Venecia
En una ciudad como esta, el gran consejo inicial es simple: caminar. Caminar mucho y aceptar que perderse forma parte de la experiencia. Aun así, hay una serie de lugares que conviene tener claros.
La gran postal veneciana es la Plaza de San Marcos, uno de los espacios urbanos más célebres de Europa. La Basílica de San Marcos, el Campanile y el entorno monumental hacen que todo aquí tenga una grandiosidad muy especial. Es una visita obligada, pero también es recomendable volver en distintos momentos del día para verla con otras luces y otra densidad de gente.
Otro imprescindible es el Puente de Rialto, uno de los símbolos absolutos de la ciudad. Cruzarlo, asomarse al Gran Canal y observar el movimiento de barcos y góndolas es uno de esos rituales básicos que uno espera de Venecia y que, efectivamente, merece la pena.

Pero Venecia también gana muchísimo cuando sales del “checklist” más evidente. Un free tour aquí vuelve a ser muy buena idea para entender mejor cómo nació la ciudad, cómo se organizó su poder y por qué algunos rincones tienen tanta importancia histórica. Además, ayuda a descubrir zonas menos obvias.
Uno de los mayores placeres en Venecia es simplemente pasear por los canales, cruzar puentes pequeños, entrar en callejuelas silenciosas y dejar que la ciudad marque el ritmo. Barrios como Cannaregio o Dorsoduro permiten sentir una Venecia con algo más de aire local y algo menos de escaparate.

Si tienes tiempo, también merece la pena acercarse al entorno del Palacio Ducal o visitar alguna iglesia especialmente llamativa. Pero incluso sin grandes entradas, Venecia ya ofrece muchísimo solo con recorrerla con atención.
Dónde comer en Venecia
-Bacaro Quebrado
S. Croce 1107/A - 1111, Venezia
Web: https://bacaro-quebrado.goto-where.com/
Uno de los sitios donde comimos en Venecia fue Bacaro Quebrado, una opción muy recomendable para sentarse a disfrutar de platos italianos bien resueltos en una ciudad donde a veces no es tan fácil comer bien sin pagar de más.
Aquí empezamos con dos polpette, las tradicionales albóndigas italianas. Lo bueno de este plato es que, aunque mucha gente lo asocia solo a la carne, en Italia las polpette tienen muchísimas versiones y forman parte de una cultura gastronómica muy versátil. En este caso nos sirvieron para abrir el apetito con un clásico muy apetecible.
Después tomamos una pasta carbonara y unos gnocchi viola, una combinación que funcionó muy bien. Los gnocchi, con su textura tan característica, siempre son una apuesta agradable si el sitio los trabaja bien, y aquí salimos contentos con el conjunto.



La comida, con dos Coca-Colas, se quedó en 46 euros, una cifra razonable para Venecia teniendo en cuenta la ubicación y la calidad de lo que comimos.
-Ristorante Da Rimo
Campiello Flaminio Corner, 560430121, Cannaregio, Venezia
Web: http://ristorantedarimo.it/
Instagram: Instagram
La otra recomendación clara en Venecia es Ristorante Da Rimo, donde hicimos una comida realmente buena en el barrio de Cannaregio, una de las zonas con más encanto para pasear y detenerse a comer con calma.


Empezamos con una Insalata di polpi Veneziana, que nos gustó mucho, y una bruschetta riquísima. Ya con eso el arranque era prometedor, pero los platos fuertes fueron todavía mejor. Pedimos unos Spaghetti al ragù di carne, que estaban espectaculares, y unos Spaghetti alle verdure miste, muy sabrosos y perfectos para equilibrar la comida.


Todo esto, acompañado de dos copitas de vino rosso, salió por 67 euros. No fue una comida barata en términos absolutos, pero sí muy satisfactoria y recomendable dentro del contexto veneciano, donde pagar un poco más compensa si lo que recibes está a la altura.
Florencia: arte, plazas y una de las grandes capitales gastronómicas del viaje
Salimos de Venecia por la tarde y llegamos a Florencia, donde establecimos nuestra base hasta el 2 de junio. Esta ciudad fue uno de los centros del viaje y una de las que más se disfrutan si se recorren sin prisas. Florencia tiene algo muy especial: concentra muchísimo patrimonio en distancias razonables y, al mismo tiempo, conserva un ambiente callejero, gastronómico y cotidiano que la hace muy agradecida.
Qué ver en Florencia
Si es la primera vez, otra vez el free tour es una magnífica idea. Florencia está llena de historia, símbolos y detalles artísticos que se aprecian mucho más cuando alguien te los sitúa bien.
Uno de los grandes impactos visuales de la ciudad es el conjunto del Duomo de Florencia, con la catedral de Santa Maria del Fiore, la cúpula de Brunelleschi y el campanile. Es uno de esos lugares que condensan la grandeza artística de la ciudad y que inevitablemente marcan el recuerdo del viajero.

Otro imprescindible absoluto es el Ponte Vecchio, posiblemente el puente más famoso de Italia. Cruzarlo, verlo desde distintos ángulos y pasear por el Arno forma parte de la experiencia florentina básica. A partir de ahí, lo ideal es seguir por el centro histórico y detenerse en lugares como la Piazza della Signoria, que tiene una fuerza monumental enorme y permite sentir la Florencia política y artística de otro tiempo.
Nos parece también muy importante visitar la Basílica de Santa Croce, no solo por su valor arquitectónico, sino por todo lo que representa en la historia de la ciudad. Es uno de esos espacios que añaden una capa más serena al recorrido, lejos del impacto inmediato de otros lugares más fotografiados.
Y luego está una de las mejores panorámicas de todo el viaje: subir al mirador de Miguel Ángel, el Piazzale Michelangelo. Hay pocas recompensas mejores al final del día que contemplar desde allí la silueta de Florencia, sus tejados, el Arno y la cúpula dominándolo todo. Es una visita obligada.
Si te queda tiempo, Florencia todavía ofrece muchísimo más: la zona de Uffizi, el entorno del Palazzo Vecchio, el Mercato Centrale y muchas calles en las que lo mejor es sencillamente caminar y mirar. Florencia tiene esa capacidad de hacerte sentir dentro de un decorado histórico que, sin embargo, sigue muy vivo.
Dónde comer en Florencia
-Osteria Zaza
Piazza del Mercato Centrale 26 R, 50123, Firenze
Web: https://www.trattoriazaza.it/
Si hay un sitio que puede considerarse imprescindible en Florencia, al menos para nosotros, ese es Osteria Zaza. Está en una zona muy animada y muy bien situada, y es de esos restaurantes donde uno siente que está participando de una cierta liturgia florentina del buen comer.


Aquí conviene hablar no solo de lo que pedimos, sino del contexto general: Florencia es una ciudad con muchísima tradición de trattoria, de pasta potente, de platos con personalidad y de recetas que van más allá de los tópicos. Zaza encaja muy bien en esa idea.


Nosotros comimos unos Rigatoni alla sorrentina, unos Pappardelle al Cinghiale y una Carbonara. Las pappardelle al cinghiale, con esa salsa de jabalí tan típica de la Toscana, son uno de esos platos que conectan directamente con el territorio y con una cocina más profunda, más rural y más intensa. Todo lo que probamos nos pareció un espectáculo.


Acompañamos la comida con dos copas de vino, un Bicchiere Torcalvano y un Bicchiere bianco della casa, y rematamos con una tarta de queso como postre. Total: 60 euros. Teniendo en cuenta la calidad de la pasta y el conjunto de la experiencia, es una recomendación clarísima.
-Trattoria La Burrasca
Via Panicale 6R, 50121 Firenze
Si hablamos de emoción gastronómica pura, aquí llegó probablemente el plato que más te marcó de todo el viaje. Trattoria La Burrasca es un sitio pequeño, muy bien atendido y con una cocina muy seria, de esas que no necesitan hacer ruido para demostrar nivel.
El gran protagonista fue el Ravioli al Ragú di Lampredotto, que te hizo “volar”, y no me extraña. El lampredotto es uno de los ingredientes más emblemáticos de la tradición florentina, vinculado a la casquería y a una cocina popular con muchísima identidad. Llevarlo a un ragú para acompañar ravioli ya habla de una propuesta con personalidad. Que además fuera el plato que más te gustó de todo el viaje lo convierte automáticamente en una recomendación de oro.

También pedisteis un plato de Paccheri Pomodoro, más sencillo en apariencia pero muy agradecido cuando el producto y el punto de cocción están bien trabajados, y de postre un Cestino, que os gustó mucho.


Con agua, la cuenta fue de 41 euros. Muy buena relación calidad-precio para un local pequeño, auténtico y muy bien llevado.
-Pizzeria Livio
Via Nazionale, 77/r, 50122 Firenze
No todo en Florencia tiene que ser trattoria clásica o pasta larga. También hay sitio para la pizza, y Pizzeria Livio nos pareció una muy buena opción si lo que buscas es una pizzería típica, pequeña, siempre llena y con pizzas que realmente merecen la espera.

Es el tipo de local que suele funcionar porque hace pocas cosas, pero las hace bien. Allí comisteis una Scassapanza y una Porchettazza, dos pizzas con nombres ya bastante expresivos y, por lo que cuentas, espectaculares. Las acompañasteis con una copa de vino rojo y una cerveza Raffo, por 38 euros los dos.


En un viaje así, tener una recomendación de pizza auténtica, informal y convincente suma mucho. Y esta lo es.
Pisa: una escapada breve pero imprescindible desde Florencia
Desde Florencia hicimos una excursión de ida y vuelta a Pisa, una ciudad que mucha gente reduce exclusivamente a su torre inclinada, pero que tiene bastante más encanto del que a veces se le reconoce.
Qué ver en Pisa
La visita comienza, inevitablemente, en la Piazza dei Miracoli, uno de los conjuntos monumentales más famosos de Italia. Aquí están la célebre Torre de Pisa, la Catedral y el Baptisterio, formando un espacio monumental de enorme impacto visual. Sí, es una zona muy turística, pero es lógico: pocas imágenes son tan icónicas en el mundo del viaje como esta.

Ahora bien, si quieres que Pisa no se quede solo en la foto de rigor, conviene caminar algo más. El centro tiene calles agradables, soportales, ambiente universitario y una escala muy llevadera. Merece la pena acercarse al Borgo Stretto, dar un paseo por el río Arno y, si se puede, fijarse en pequeñas joyas como la iglesia de Santa Maria della Spina.
Pisa funciona muy bien como excursión de un día porque concentra mucho en poco espacio y permite una visita cómoda sin necesidad de grandes desplazamientos.
Dónde comer en Pisa
-I Porci Comodi
Piazza Evangelista Torricelli 8, Pisa
Para comer en Pisa fuisteis a I Porci Comodi, un sitio muy conocido por sus bocadillos y sus bandejas de antipasti. Es una recomendación ideal para una escapada breve, porque permite comer bien, rápido y con producto muy agradecido.

Allí os tomasteis dos bocadillos muy buenos, y eso encaja perfectamente con la fama del local. Este tipo de establecimientos triunfa precisamente por ofrecer esos bocadillos italianos generosos, sabrosos y muy bien montados, con embutidos, quesos y combinaciones clásicas que funcionan de maravilla. Además, las bandejas de antipasti son otra de sus señas de identidad, así que es un sitio muy útil para quienes quieran una comida informal pero con carácter local.




Pagasteis 22 euros los dos, con un vaso de vino y una Coca-Cola, así que sale además muy bien de precio para lo que ofrece.
Bolonia: una de las grandes capitales del comer bien en Italia
Otra de las excursiones desde Florencia fue a Bolonia, y pocas ciudades italianas están tan asociadas al placer de la mesa como esta. Bolonia se pasea muy bien, tiene un centro histórico precioso y un aura gastronómica que no es ningún mito: aquí se come extraordinariamente bien.
Qué ver en Bolonia
El corazón de la ciudad es la Piazza Maggiore, una de las grandes plazas italianas, amplia, monumental y siempre agradable para orientarse. Muy cerca está la Basílica de San Petronio, cuya presencia domina buena parte del conjunto urbano y merece una parada atenta.
Otro de los símbolos de Bolonia son sus torres medievales, especialmente la Asinelli y la Garisenda, que resumen muy bien ese perfil tan reconocible de la ciudad. Además, caminar por Bolonia significa también disfrutar de sus soportales, que convierten cualquier paseo en una experiencia especialmente cómoda y con mucho encanto.
Merece la pena también asomarse al Quadrilatero, zona histórica de mercados, tiendas y vida gastronómica, donde la ciudad enseña parte de su alma más cotidiana. Y si quieres completar la visita con un toque cultural, el Archiginnasio o la zona universitaria ayudan a entender por qué Bolonia tiene tanta personalidad.


Es una ciudad fantástica para una jornada de paseo, patrimonio y comida memorable.
Dónde comer en Bolonia
-La Trattoria del Tempo Buono
Piazza San Martino, 4/a, Bologna
Web: https://trattoriadeltempobuono.com/
En Bolonia comisteis en La Trattoria del Tempo Buono, y por lo que cuentas fue una comida magnífica. Esta es una de esas ciudades donde conviene ir con ganas de platos tradicionales, y aquí supisteis hacerlo muy bien.
Pedisteis unos Tortellini in crema di parmigiano 18 mesi, que ya solo por la descripción invitan a sentarse a la mesa. Bolonia es tierra de pasta rellena, así que empezar por unos tortellini tan bien acompañados era una elección muy lógica.

Después llegaron unos Tagliatelle al ragù bolognese, quizá el plato más famoso de la ciudad y uno de los más malinterpretados fuera de Italia. Lo que mucha gente conoce de forma simplificada como “espaguetis a la boloñesa” aquí se expresa con toda su dignidad en forma de tagliatelle con un ragú profundo, sabroso y perfectamente integrado con la pasta. Si se quiere entender Bolonia, este plato hay que probarlo.

Y luego apareció otro gran momento: la Lasagne verdi alla bolognese, que definís como un auténtico bombazo y probablemente la mejor lasaña que has comido. Esa frase sola ya justifica la parada.

Para terminar, tomasteis una Zuppa Inglese, un postre recomendado por los camareros, que además os gustó mucho. Todo ello, con dos copas de vino, por 66 euros. Un precio estupendo para una comida tan completa en una ciudad donde la gastronomía forma parte esencial del viaje.

Siena: una escapada con alma medieval desde Florencia
También desde Florencia hicisteis una visita de ida y vuelta a Siena, una ciudad distinta a las anteriores, con un aire más medieval, más recogido y muy elegante. Aunque en tu lista no aparece ninguna recomendación de comida aquí, sí merece totalmente su lugar en el artículo por valor patrimonial y por lo bien que encaja como excursión.
Qué ver en Siena
El gran corazón de la ciudad es la Piazza del Campo, una de las plazas más bellas de Italia y una de las que se recuerdan para siempre. Su forma, su inclinación y la armonía del conjunto hacen que sea un lugar muy especial incluso cuando no ocurre nada concreto. Simplemente estar allí ya merece la visita.

Desde la plaza destaca también el Palazzo Pubblico y la Torre del Mangia, dos iconos del perfil urbano de Siena. Después, uno de los grandes tesoros de la ciudad es su Duomo, una catedral impresionante tanto por fuera como por dentro, y una visita imprescindible para entender el peso artístico de Siena en la Toscana.
Más allá de estos grandes puntos, Siena se disfruta muchísimo callejeando. Sus calles estrechas, su piedra, sus desniveles y su atmósfera hacen que el paseo sea parte principal de la visita. Si queda tiempo, merece la pena acercarse también a Santa Maria della Scala, otro lugar con mucha historia en la ciudad.
Siena es, en definitiva, una escapada muy recomendable desde Florencia para quienes quieran añadir al viaje una ciudad de fuerte personalidad medieval y enorme belleza urbana.
Roma: el gran final del viaje entre ruinas, plazas y trattorias memorables
El 2 de junio pusisteis rumbo a Roma, última gran parada del viaje, y aquí os quedasteis hasta el 6 de junio, día en que volvisteis a Madrid desde el aeropuerto de Fiumicino. Terminar una ruta italiana en Roma siempre parece una buena idea: es inmensa, histórica, caótica por momentos, monumental, profundamente humana y llena de rincones donde comer muy bien.
Qué ver en Roma
Roma tiene tantísimo que ver que lo difícil no es encontrar lugares, sino decidir cuáles priorizar. Si es tu primera vez, volvería a recomendar empezar con un free tour, porque ayuda mucho a ordenar mentalmente una ciudad tan vasta y cargada de historia.
El gran símbolo universal es el Coliseo, que junto al Foro Romano y el Palatino forma un conjunto imprescindible. Más allá de la foto, esta es una zona que exige algo de tiempo y algo de atención, porque es aquí donde Roma muestra con más claridad la dimensión de su legado imperial.

Otro clásico absoluto es la Fontana di Trevi, uno de esos lugares que, por muy conocidos que sean, siguen impresionando cuando se tienen delante. Lo mismo puede decirse de la Plaza de España, siempre animada y muy reconocible, y del entorno del Panteón, que debería estar también entre las prioridades de cualquier primera visita.

También hay que pasear por Trastevere, un barrio con muchísimo encanto, ideal para caminar sin rumbo fijo, entrar en plazas pequeñas y disfrutar del ambiente. Y, por supuesto, merece la pena dedicar tiempo a Monti, uno de los barrios con más personalidad de Roma y además escenario de varias de vuestras comidas. Tiene ese equilibrio tan atractivo entre Roma monumental y Roma vivida.
Si el tiempo acompaña, el Vaticano o la Piazza Navona pueden completar una experiencia romana muy redonda, pero incluso centrándose en los lugares más icónicos, Roma ofrece material de sobra para varios días intensos.
Dónde comer en Roma
-I Vaccinari
Via della Madonna dei Monti 55, 00184 Roma
Web: https://www.ivaccinari.it/
Una de las comidas más interesantes en Roma fue en I Vaccinari, situado además en una zona estupenda como Monti, un barrio muy significativo, muy bonito y muy agradecido para pasear antes o después de sentarse a comer.
Aquí comisteis unos Tonnarelli cicoria e pecorino y una Lasagna Coda. En este restaurante destaca especialmente la tradición de la coda alla vaccinara, uno de los grandes platos romanos, un estofado de rabo de vacuno cocinado lentamente durante horas, con apio, tomate y ese punto profundo y meloso que lo convierte en un plato con muchísimo carácter. Que la casa lo lleve también a una lasaña ya habla de una propuesta muy atractiva y con personalidad propia.


La comida, con una birra media y una Coca-Cola, salió por 39,50 euros, un precio muy convincente para una experiencia tan auténtica y bien localizada.
-Trattoria - Pizzeria Il Girasole
Via del Boschetto, 28, 00184 Roma RM, Italia
Seguimos en Monti con Il Girasole, un sitio con mucho encanto, de esos que dejan también un recuerdo por el ambiente. Mencionas que hay un señor mayor tocando el piano en la entrada y amenizando el salón, y ese tipo de detalles convierten una cena corriente en algo mucho más especial.

Aquí pedisteis un Calzone con pomodoro e mozzarella y unos Tonnarelli alla Carbonara. Roma, ya se sabe, es una ciudad en la que la carbonara juega en casa, así que probar una buena versión siempre es buena idea. El conjunto, con agua, se quedó en 34 euros, así que entra de lleno en ese grupo de recomendaciones que funcionan muy bien por precio, ubicación y ambiente.


-Osteria Da Fortunata
Corso del Rinascimento 17, 00186 Roma
Web: https://osteriadafortunata.it/
Hay sitios que uno recomienda con entusiasmo porque, sencillamente, todo encaja. Osteria Da Fortunata fue uno de esos casos. Aunque tiene varios locales en distintas ciudades, vosotros comisteis en el de Roma, en Corso del Rinascimento, y la experiencia fue de las más completas del viaje.
Uno de los grandes atractivos del local es ver al personal haciendo la pasta a mano, algo que añade autenticidad y ganas incluso antes de sentarse. Pero lo importante es que luego el plato responde.
Empezasteis con dos entrantes: una Fiore di Zucca, esa flor de calabacín tan típica y tan agradecida cuando está bien frita y rellena, y una Mozzarella in Carrozza, otro clásico italiano muy sabroso. Dos entrantes perfectos para abrir el apetito.

Después llegaron los platos fuertes: unos Strozzapreti Carbonara, con guanciale, huevo, pecorino, parmigiano y pimienta, y unos Scialatielli Amatriciana, con guanciale, tomate, pimienta, pecorino, peperoncino y vino. Dos formas muy distintas y muy representativas de disfrutar la pasta italiana, ambas con muchísimo sabor y con ese punto contundente que uno espera y agradece en Roma.


Y para cerrar, un tiramisú de 10. De esos postres que no se olvidan. Todo, con dos Coca-Colas, por 62 euros. No es la comida más barata del viaje, pero sí una de las más memorables. Un imprescindible claro.

-Ce Stamo a Pensá
Via Leonina, 81, 00184 Roma RM, Italia
La última recomendación gastronómica de Roma es Ce Stamo a Pensá, un sitio que, como muy bien dices, es para comer bien y punto, sin pretensiones de ningún tipo. Y muchas veces eso es justo lo que más se agradece en un viaje.
Aquí tomasteis una arancina y, por supuesto, pasta, una con carne y otra con salsa de tomate y guanciale. Es el tipo de propuesta que encaja muy bien con la tradición romana más directa: platos reconocibles, raciones satisfactorias y una cocina que no necesita adornarse para funcionar.



En un lugar así lo normal es encontrarse también con algunos de los clásicos más demandados de la casa y de la cocina local: fritos, pastas contundentes y recetas populares pensadas para salir contento. Una muy buena opción para cerrar el recorrido gastronómico por Roma. 39,50€.
Un viaje por Italia para disfrutar con los ojos… y también con el paladar
Si algo nos ha dejado claro esta ruta por Italia es que hay dos formas de viajar aquí que conviene no separar nunca: mirar y comer. Las ciudades italianas se disfrutan por su patrimonio, por sus plazas, por sus monumentos y por su historia, pero también por la manera en que esa historia se prolonga en la mesa. En un mismo viaje puedes pasar del Duomo de Milán a los canales de Venecia, de la piedra romántica de Verona a la monumentalidad de Roma, y en cada parada encontrar además un plato, un vino o un restaurante que termina de fijar el recuerdo.
Milán nos quedamos con la fuerza del Duomo, el paseo por Navigli y unas focaccias maravillosas.
Verona, con la Arena, el mirador sobre la ciudad y aquel risotto al Amarone que nos explicó el color púrpura del plato.
Venecia, con la sensación irrepetible de caminar por una ciudad imposible y con dos comidas más que recomendables.
Florencia, con su perfil inolvidable desde el mirador de Miguel Ángel y con varias de las mejores mesas del viaje.
Pisa, con su conjunto monumental y un almuerzo perfecto para una excursión rápida.
Bolonia, con una de las grandes comidas de toda la ruta, especialmente esa lasaña.
Siena, con la elegancia medieval de la Piazza del Campo.
Roma, con el cierre soñado entre monumentos universales y trattorias para repetir.
Si estás pensando en hacer una ruta similar, nuestra recomendación es clara: organiza bien los desplazamientos, reserva con algo de margen en las ciudades más concurridas y deja siempre un espacio importante para comer con calma. Porque en Italia, muchas veces, una comida memorable forma parte del viaje tanto como una catedral o una plaza.
Y eso fue exactamente lo que nos pasó en esta aventura de mayo y junio de 2026: vimos lugares icónicos, sí, pero también encontramos restaurantes donde realmente disfrutamos, comimos muy bien y sentimos que cada euro había merecido la pena. ¿Quieres ver más recomendaciones?



